Rosa


 —¿Qué es esto?

—¿Cómo dices?

—¡¿Me has hablado?!

—Claro. Te has dirigido a mi directamente, ¿qué iba a hacer? 

—¡No puede ser!

—¿Qué “no puede ser”?

—Tú, en este sitio…¡Tan hermosa! Es como si estuvieras fuera de lugar. ¡Y me estás hablando!¿Me estaré volviendo loco?

—Jajaja. Desde luego eres diferente.

—¿Diferente?¿De quién?

—De todos los que han pasado por aquí.

—Así que ha habido otros…

—Te sorprenderías. Llevo aquí tanto tiempo que podría haber perdido la cuenta… pero no. Tengo buena memoria.

—Vaya, ¡No soy el primero!

—Tal vez sí.

—¿Cómo?

—Pocos hombres son capaces de pararse a contemplar la belleza en su día a día, tan ocupados como están en sus inútiles quehaceres…¡Imagina en medio de una tempestad como esta, perdidos en medio de ninguna parte y sin tierra a la vista!. Eso, para mí, ha sido nuevo.

—Entonces, ¿que va a pasar ahora?

—Cogerás este pétalo.

—¿Un pétalo?¿Para qué? 

—Para que me recuerdes. Llévalo siempre contigo. Cuando estés perdido no tendrás más que dejarlo flotar y el te guiará.

—El me guiará…¿Hacia dónde?

—Hacia dónde desee tu corazón, Ragnar Lodbrok.

—¡Pero si sabes mi nombre! ¿Puedo yo saber el tuyo?

—A lo largo de los tiempos me han llamado de muchas formas, navegante, pero a nadie le esta permitido conocer mi nombre. Tú puedes recordarme como la rosa de los vientos.

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